¿Es bueno o malo decir “NO” a mi perro?

¿Es bueno o malo decir “NO” a mi perro?

 

Últimamente me llega mucha información sobre la forma en que debemos comunicarnos con nuestros perros y me llama la atención encontrar textos en los que se crucifica el uso del comando “NO” y se anima a las personas a usar con sus perros  un comando referido a una conducta alternativa en vez de indicar al perro que deje de hacer lo que está haciendo en ese momento. Incluso he llegado a leer que el uso del “no” puede considerarse en cierto modo hasta un maltrato emocional.

También veo a otros profesionales “escurrir el bulto” cuando se les pregunta “pero… si mi perro por ejemplo está haciendo algo que no quiero – coger comida del suelo, robar la pelota a un niño…-, qué hago en ese momento?” y se remontan al análisis del porqué el perro hace esto o aquello,  si le hemos enseñado o no la opción correcta y tal… pero la pregunta del aquí y ahora se queda en el aire y es reemplazada por una invitación a reflexionar qué es lo que hemos hecho mal para que nuestro perro haga algo que no debería.

Entonces… ¿es correcto tener un comando que indique al perro que debe dejar de hacer lo que está haciendo, o es mejor, en el momento en que lo haga, pedir una conducta alternativa (es decir, que haga otra cosa para dejar de hacer la “cosa mala”)?

En mi opinión, las dos respuestas son válidas, pero no están exentas de matices.

 

1.- QUÉ SIGNIFICA “NO”?

Para poder discutir sobre algún concepto, lo primero que habría que hacer es definirlo, porque en este mundo cada un@ interpreta las cosas a su manera. Para mí, “NO” es un comando informativo que le dice al perro que deje de hacer algo, es decir, que inhiba una conducta que ya está manifestando o que veo que tiene intención de manifestar. No tiene una connotación emocional negativa, no se lo digo con enfado, sino que le informo de que la opción que ha elegido no es la correcta. También le informo de qué conductas no son adecuadas en determinados momentos.

Si por ejemplo, observo que mi perro está mirando mi cena encima de la mesa alzándose a dos patas y con la clara intención de robarme un trozo, le digo “no,no” para informarle de que eso que está pensando hacer no es lo correcto. Lo mismo si veo que se acerca al borde de la acera y no se detiene o si empieza a molestar a su compañero gatuno, Mi-mi.

 

FOTO:  a pesar de que Selu y Mi-mi son buenos amigos, hay ocasiones en las que Selu se pasa jugando con Mi-mi y tengo que decirle que pare.

El “NO” para mí no es un castigo, ni es un enfado, es información valiosa para mi perro.

Y por supuesto, antes que nada, he enseñado a mi perro el significado de la palabra “NO”, sin necesidad de usar un método basado en el castigo, como pueden comprobar todas las personas que contratan mis servicios.

2.- LA IMPORTANCIA DE ENSEÑAR EL “DEJAR DE HACER

Considero necesario y fundamental entrenar con los perros la inhibición de conductas. Dentro del cerebro del perro existen sistemas funcionales (grupos de neuronas con una finalidad determinada) destinados a tal fin. Y como todas las redes neuronales, precisan ser estimuladas y entrenadas para que no se atrofien y cumplan su función. De hecho, existen estudios de neuroimagen que demuestran que en el cerebro del perro se activan zonas diferentes cuando se inhibe una conducta, se aprende o se pone en práctica (López García, C.A. 2014).

Esta capacidad de abandonar un rumbo conductual está muy relacionada con el autocontrol (elegir una opción y descartar las restantes), no iniciar una acción porque no es el momento idóneo (no siempre es adecuado jugar con otro perro, por ejemplo) y con la gestión del estrés y la frustración.

3.- LAS CONDUCTAS ALTERNATIVAS

Tradicionalmente se ha venido trabajando solamente desde la estimulación del “hacer”, ofreciendo conductas alternativas a la no deseada. Realmente esto no consigue que el perro deje de hacer algo, lo que estamos haciendo es despistarle, pero no indicarle que no tiene que hacer algo.

Esto ocurre por ejemplo, cuando queremos que nuestro perro suelte un juguete ofreciéndole otro. Ahí no ha soltado el juguete porque debe soltarlo, sino que lo ha hecho para coger otro, con lo cual, no está aprendiendo a inhibir una conducta, sino a producir más de manera diferente.

Con el ejemplo del juguete puede parecer un detalle sin importancia, pero imagínate que  por ejemplo, encontramos a un perro con un problema de reactividad hacia otro perro, manifestado en forma de agresión o ladridos,, ve a otro perro, empieza  a ladrar y a mostrar intención de agredir y tú quieres que pare. No siempre vas a poder despistarlo, y además lo ideal es que aprendiera a gestionar este tipo de situaciones, pues de lo contrario no estarás trabajando sobre el problema.

4.- ENTONCES…?

Aunque tras esta explicación te parezca lo contrario, lo ideal es que entrenes en el perro tanto la realización de conductas (hacer) como su inhibición (dejar de hacer), pero que lo hagas con un sentido. Es necesario entrenar ambas cosas por separado para después unirlas. Enseñar a que, para coger otro juguete, primero debe dejar el que tiene, por ejemplo.

En primer lugar, tu perro debe saber qué significa el comando “NO” y eso lo conseguirás entrenando (en SiempreconmiPERRO tenemos un protocolo para enseñarlo de manera amable y fiable).

En segundo lugar, es necesario que tu perro sepa qué cosas están bien y qué cosas están mal (puedes usar ese mismo “NO” para etiquetar conductas no deseadas).

Finalmente, cuando te veas en situación, puedes decir a tu perro que deje de hacer lo que está haciendo y que, mediante SU AUTOCONTROL, ejecute una opción correcta que YA HAS ENSEÑADO PREVIAMENTE.

En el caso del perro que ladra a otro, puedes indicarle que deje de ladrar con el “NO” y dejar que elija, por ejemplo, alejarse de la situación (como ya le has enseñado en otras ocasiones).

Lo que no considero correcto ni necesario es emplear la palabra “NO” más que como un aviso de que la opción elegida no es la correcta, sino como un castigo, un enfado, que le cae al perro por la cara, sin haberle avisado antes con calma y actitud positiva que mejor cambie de opción.

5.- Y ¿QUÉ OCURRE SI, A PESAR DE DECIR “NO” MI PERRO NO ABANDONA?

Pues aquí es donde entraríamos en el tema que todo el mundo parece no querer tocar.

Si tu perro desobedece aún habiéndole indicado que no siga haciendo algo y conociendo sobradamente cuales son las alternativas correctas, puedes indicarle tu malestar, y no en forma de castigo, basta con una reprimenda ORAL con tono emocional negativo, pero con una intensidad media,  sin asustarle. ¿Recuerdas cuando vivías con tus padres y no recogías tu habitación? Seguro que tu madre empezaba a ir detrás de ti, diciéndote que hay que ver… que si no eras responsable… que si no eras ordenad@… que cuando compartiese piso tendrías problemas… tampoco es que te montara el pollo de tu vida, pero te expresaba su malestar. Es lo que yo llamo “la retahíla”. No implicaba una super discusión, al menos en un hogar medianamente civilizado.

No creo que no se pueda regañar a un perro. Forma parte de nuestro grupo y es necesario ajustar la relación para su correcto funcionamiento. Hay cosas que no se deben hacer y que ponen en peligro la armonía de la convivencia.

 El problema es que much@s human@s no sabemos enfadarnos asertivamente y cuando hablamos de regañar a un perro nos ponemos en lo peor y no es así. Y lo sé de buena tinta por mi formación y experiencia como psicóloga. Tendemos a manifestar nuestras molestias muchas veces de forma explosiva y desajustada,  y lo hacemos cuando llevamos tiempo aguantando situaciones que nos desagradan. Sería más fácil comunicarlo con asertividad, pero el enfado es necesario, de hecho, tenemos una emoción (la ira) que sirve para tal fin, pero que hay que saber gestionar. Con los perros no tiene por qué ser diferente.

Son nuestros compañeros, forman parte de nuestra familia. Si me enfado con mi hermana por algo que hace que ya sabe que me molesta se considera lícito. ¿por qué en un perro no? La cuestión está en saber hacerlo de manera correcta y funcional. No hace falta montar un espectáculo, solo comunicar la molestia.

Lo que si que considero un problema es cuando las regañinas se repiten y son constantes en la vida del perro.

Si tengo que regañar a mi perro más de una vez por algo, me planteo seriamente dónde está el problema, porque seguramente mi perro no está entendiendo qué debe hacer. Pienso que en el día a día hay que darle muchas oportunidades a los perros para acertar y solo usar este recurso en situaciones extremas cuando lo que le pido a mi perro es realmente importante para ambos: que no cruce la acera, no persiga a un gato o se suba al sofá (a mi esto último no me importa)

Este post me da pie a escribir otro sobre el enfado, que tengo muchas ganas de escribir y que puede aclarar las dudas suscitadas de esta última parte; mi objetivo era hablar del no, pero claro, está muy relacionado y tenía que tocar la reprimenda.

Mientras tanto te recomiendo que, si te interesa este tema, no dudes en consultar el capítulo de “Tu perro piensa y te quiere” de Carlos Alfonso López (manual imprescindible en la librería de cualquier profesional del mundo del perro) dedicado a la dimensión social del perro, concretamente al enfado.

 Podría habérmelo ahorrado, pero entraría en el grupo de l@s que se dejan parte del asunto atrás por no mojarse.

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